Sistema familiar, ciclo evolutivo y proyecto de vida (1ª parte): La niñez o la orientación del ser.

Para Isabel, por las risas y los proyectos.
Introducción

Cuando me formé en Constelaciones Familiares, se daba mucha importancia a que la entrevista inicial con la persona que iba a configurar su sistema fuera breve y concreta. Preguntábamos por hechos ocurridos más que por sensaciones experimentadas. Cuando un cliente comenzaba a contarme como era su abuelo o como se relacionaban sus padres, me sentía una alumna aplicada cuando intentaba centrarle en lo que sucedió pues pretendía basarme exclusivamente en los sucesos (muertes, separaciones, enfermedades, participación durante la guerra…). Evidentemente, los tiempos han cambiado y el trabajo con Constelaciones Familiares ha ido evolucionando: se ha extendido y ampliado, ha ido profundizando y, en ocasiones, se ha fragmentado.

Ahora, por lo que a mí respecta, algunos de mis alumnos me miran interrogándome con los ojos cuando dejo hablar al cliente y le permito explayarse sobre vivencias que van más allá de lo ocurrido incluyendo su experiencia subjetiva. Son los que me han conocido en la etapa de la concreción e incluso me han oído postular la necesidad de basarnos en lo ocurrido más que en lo percibido. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, me doy cuenta de que lo uno no quita lo otro, que la necesidad de conocer los sucesos no implica que no podamos tener en cuenta la interpretación que el cliente hace de los mismos. Evidentemente si un hecho ha cambiado el destino de una familia y por tanto de cada uno de sus miembros (nacieron o murieron gracias a ese hecho, pierden o disfrutan de sus padres o de sus hijos, se separan o no de un sistema familiar o colectivo, etc.) necesitamos tenerlo en cuenta pues es fundamental en nuestro trabajo. Pero de cara a algunas demandas dentro del marco de un taller y en la mayoría de las demandas en una sesión individual de asesoramiento, conviene tener en cuenta otras circunstancias internas y externas del cliente.

Simplemente el poder escuchar el discurso del cliente, me permite a la hora de encarar el trabajo afinar mis devoluciones y sugerencias, bien confrontando su narrativa, bien aliándome con ella. En cuanto a los factores que más tengo en cuenta, además de su identidad y orientación sexual, su edad y su carácter (lo que incluye mecanismos de defensa, puntos ciegos y estilos interpretativos), considero fundamental explorar su proyecto de vida así como el de las personas con las que convive o mantiene vínculos. No es lo mismo que la persona tenga hijos pequeños o adolescentes, que su cónyuge esté satisfecho con su trabajo o se encuentre en una crisis vocacional, que su madre esté bien de salud o tenga dependencia funcional. Estos factores más circunstanciales nos pueden ayudar a encarar la demanda desde un lado u otro adaptándolo a las necesidades de supervivencia y crecimiento de la persona en el momento actual.

En cierta forma, se podría considerar que existen dos tipos de cambios en el sistema familiar, los cotidianos y los extraordinarios.

Los primeros se encuentran relacionados con el desarrollo evolutivo de los miembros que componen el sistema. Estos cambios se producen a través de la aparición y consolidación de dinámicas familiares que responden a las necesidades personales y circunstanciales de los distintos miembros de la familia. Estas dinámicas familiares necesitan ajustarse durante la adolescencia de los hijos, la jubilación de los padres, el proceso de abandono del nido, el deterioro asociado a la vejez, etc. Es decir, a medida que los hijos crecen, las relaciones familiares se adaptan a nuevas necesidades y exigencias. Al mismo tiempo no es lo mismo que un hijo tenga éxito o fracaso escolar, que un progenitor sea adicto al trabajo o haga uso del alcohol, que los retoños se emancipen con 20 o con 40 años, etc.

Por otra parte, los cambios extraordinarios son los que afectan a la propia estructura del sistema. Ante la llegada o partida de un miembro (por ejemplo, nacimiento de un hermano, muerte de un abuelo) o de todo el sistema (por ejemplo, cambiar de país de residencia) la dinámica familiar debe adaptarse, como ocurre en los cambios cotidianos, pero además el destino de todos los miembros del sistema se verá afectado vital y significativamente.

En esta serie de artículos me gustaría centrarme en los primeros cambios, los que he llamado cotidianos pues constituyen la base de gran parte de las consultas que me hacen colegas y amigos de cara a atender mejor las necesidades de sus hijos, alumnos o clientes (usuarios para los que atienden en centros públicos).

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