Peter Bourquin. El trato del trauma en las constelaciones familiares.

© Peter Bourquin, junio 2013, ampliado enero 2014.
Miembro Didacta de la AEBH. www.aebh.net/portfolio_item/peter-bouquin/
www.peterbourquin.net

Resumen
“Perdonar significa renunciar a la esperanza de un pasado mejor”, dijo Gerald Jampolsky.

Perdonar – a sí mismo y a otros – lo comprendo como un acto profundamente espiritual sin palabras. Una vez llegado al presente, es más fácil que ocurra. No podemos borrar capítulos dolorosos de nuestra historia vital. Forman parte de nuestro camino, e ignorarlos o evitarlos solo nos ata al pasado. Pero a veces lo más relevante que falta para estar en paz con el pasado es rescatarse a sí mismo de la situación de entonces – o dicho de otra manera, rescatar sus diferentes partes fragmentadas -, y llevarse consigo mismo en el corazón al presente.

Es aquí donde las Constelaciones Familiares habituales, que solamente se enfocan en las relaciones interpersonales, no pueden llegar. (Mira también mi artículo “Encontrarme conmigo mismo – o como se pueden sanar relaciones intrapsíquicas”). Porque a veces ya no es tanto una cuestión entre el cliente y la persona que le causó dolor. Es el conflicto y la división dentro del cliente lo que le hace sufrir. Y es dentro de sí mismo, donde encuentra la fuente de su sanación.

Dentro de los temas importantes que aborda la psicoterapia se encuentra el trauma, porque son justo las experiencias traumáticas las que pueden dejar profundas heridas en las personas afectadas. Desde los años 70 del siglo pasado se ha ido desarrollando una comprensión respecto al trauma y su tratamiento, apoyada en numerosas investigaciones, que ha puesto de manifiesto que para poder ayudar de manera efectiva al cliente se requieren unos conocimientos así como una metodología de tratamiento específicos por parte del terapeuta. Ambos son necesarios para evitar por un lado una retraumatización del cliente – que puede ocurrir incluso con el intento bienintencionado del terapeuta que utiliza sus intervenciones habituales – y por el otro lado para poder sanar de forma eficaz la herida del cliente.

Antes de continuar quiero hacer una breve clarificación de conceptos. Dependiendo de la intensidad de las consecuencias del acontecimiento en la persona se habla de estrés postraumático (EPT), caracterizado por:

1) recuerdos intrusivos y sobrecogedores en forma de flashbacks, pesadillas y pensamientos obsesivos acerca de lo sucedido, todo ello de aparición espontánea;

2) la evitación consciente e inconsciente de cosas, situaciones, temas e incluso sentimientos que recuerden al trauma y podrían evocar estos recuerdos dolorosos;

3) la sobreexcitación corporal que se muestra en forma de fuertes miedos, tensión, hipervigilancia y un estado asustadizo, junto con otros síntomas corporales.

Se habla de estrés postraumático cuando la calidad de vida se mantiene lo suficiente y aun puede tener lugar la vida cotidiana. Pero cuando los síntomas del trastorno afectan a todas las áreas de la vida diaria, manifestándose en problemas de desregulación emocional, un bajo concepto de uno mismo y recuerdos intrusivos desbordantes entonces se habla de un trastorno complejo de estrés postraumático (TEPT).

El psiquiatra americano Bessel van der Kolk va un poco más lejos diciendo: “Muchos de mis colegas piensan que la intrusión, el nivel de excitación y de evitación representan la esencia de lo que les pasa a las personas traumatizadas. Creo que no entienden bien el tema porque para la mayoría de la gente, su trauma se convierte en un modo de vida.”
Entonces, si una persona está traumatizada o no, se define por las secuelas en su vida actual y no por los sucesos en sí.

En las últimas décadas han surgido algunas técnicas específicas para el tratamiento y la integración del trauma, como por ejemplo Somatic Experience, desarrollada por Peter Levine, que hace hincapié en el trabajo con el cuerpo, o EMDR y Brainspotting, que ponen el enfoque en el reprocesamiento psiconeurológico.

En este punto quiero definir las Constelaciones Familiares tal como las entiendo: son un método psicoterapéutico excelente sobre todo para entender y sanar las dinámicas que se manifiestan en las relaciones con las personas que consideramos familia. Hasta la fecha no son una psicoterapia propiamente dicha, que atiende al cliente a lo largo de su proceso, sino un método terapéutico, que sirve para intervenciones puntuales. Como tal no trata con procesos continuados del cliente, como por ejemplo la sanación del trauma.

Ahora bien, la gran mayoría de los sucesos traumatizantes que pueden ocurrirle a una persona tienen lugar dentro de las relaciones humanas. Catástrofes naturales y accidentes de tráfico aparte, son principalmente situaciones en relación con otras personas cuando uno se siente amenazado y sin posibilidad de defenderse o de huir. Y son justo en el entorno de la familia donde todo niño y adolescente habitualmente padece sus experiencias traumáticas, si estas ocurren. En consecuencia no es infrecuente que se manifiesten y se traten experiencias traumáticas del cliente en una constelación familiar.

De aquí surge la necesidad y responsabilidad para el terapeuta que utiliza el método de las Constelaciones Familiares de familiarizarse con la comprensión del trauma y de aprender a modificar su manejo de una constelación para adaptarla a la demanda del cliente. Hay cuatro aspectos relevantes:

1. Saber reconocer un trauma en el cliente.
2. Tener una comprensión respecto al proceso de sanación necesario para las experiencias traumáticas, y saber dosificar la intervención puntual de la constelación de modo que contribuya y se integre en el proceso del cliente.
3. Modificar el marco de la constelación, para facilitar un entorno de máxima seguridad y estabilidad para el cliente.
4. Saber modificar el formato de la constelación, para que sea posible una experiencia sanadora para el cliente.

Este artículo solo puede ofrecer una pincelada respecto a la comprensión del trauma (1 y 2). Resumir esta comprensión compleja y diferenciada en unas pocas páginas me parece una tarea imposible. Existen numerosos libros sobre el tema, de los cuales recomiendo algunos en la bibliografía al final. El presente artículo enfoca sobre todo en la aplicación de esta comprensión dentro del marco de una constelación familiar (3 y 4).

Sobre el trauma
El psicólogo y neurólogo francés Pierre Janet aportó una definición de trauma psíquico ya en 1919, que hoy en día, después de casi un siglo, todavía me parece válida:
“Es el resultado de la exposición a un acontecimiento estresante inevitable, que sobrepasa los mecanismos de afrontamiento de la persona. Cuando las personas se sienten demasiado sobrepasadas por sus emociones, los recuerdos no pueden transformarse en experiencias narrativas neutras. El terror se convierte en una fobia al recuerdo, que impide la integración (síntesis) del acontecimiento traumático y fragmenta los recuerdos traumáticos apartándolos de la consciencia ordinaria, dejándolos organizados en percepciones visuales, preocupaciones somáticas y reactuaciones conductuales.”

Soy consciente de que existen diferentes definiciones del trauma que se mueven entre los polos ‘solo sucesos que amenazan la propia existencia’ y ‘todo es trauma’. Pero una pulmonía no es lo mismo que un resfriado. Y si definimos todo como trauma, ya no se puede distinguir entre la población común y las personas que sufren de forma crónica o aguda las consecuencias de una traumatización, en forma de estrés postraumático o trastorno complejo de estrés postraumático (mirar DSM IV), y que por eso necesitan un trato específico por parte del terapeuta.

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